Dibujar
su inicial por todos lados, e incluso en tu mano. Sonreír cuando te
habla como si fuera lo más gracioso del mundo y decirle con esa
vocecita que es bobo. Creer que su olor ha de formar parte de
cualquier molécula de oxigeno que inspires, que sus pupilas y sus
iris van a acabar de trastornarte, porque esos ojos marrones son
encantadores.


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